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| LA INMIGRACIÓN |
:: Antecedentes
La inmigración argentina para São Paulo, como vertiente significativa por la cantidad de inmigrantes y por su influencia sobre el ambiente local es un fenómeno relativamente reciente.
Los grandes movimientos inmigratorios desde Europa y Asia, comenzados a fines del siglo pasado, y aún no concluídos, poseen características totalmente diferentes : se trata de inmigración definitiva, sea por la huída de la guerra y de la miseria, sea porque las distancias, costos y diferencias de idiomas y hábitos hacen de los mismos un camino sin vuelta.
Así como el Brasil, la Argentina fue durante muchos años receptora de estas corrientes inmigratorias ; allí, sobre todo la ciudad de Buenos Aires y alrededores, concentradora de 50 % de la población del país y de un porcentaje bastante mayor de su riqueza y posibilidades de empleo, se constituyó en el destino regional de la mayor masa populacional ; aquí, con la Corte y después Capital (Rio de Janeiro) constituída en capital política de Imperio, y baluarte de la población y cultura de origen portugués, la inmigración se dirigió sobre todo al Sur ; el desembarque era principalmente en Santos, y la riqueza cafetera y agrícola de este Estado hicieron de São Paulo el polo mayor de atracción para inmigrantes de todos los orígenes.
Otro detalle importantísimo : en la época, el inmigrante venía en general a trabajar la tierra, que en Europa no poseía ni tenía posibilidades de poseer ; su origen era campesino, y no urbano, y con ello las metas y ambiciones de estos nuevos sudamericanos, a quienes la mayoría de nosotros debe su existencia, tenían poco o nada que ver con las de inmigrantes del último cuarto del siglo XX.
En ambos países existió (y existe) inmigración regional de orígenes determinados, por diferentes motivos ; pero sus grandes metrópolis (Buenos Aires y São Paulo) se caracterizan por su origen populacional heterogéneo (así como toda metrópoli americana, constituída en base a la inmigración anterior y durante la Revolución Industrial de principios del siglo 20).
Hasta después de la Segunda Guerra Mundial, salvo excepciones justificadas por motivos particulares (por ejemplo, en Buenos Aires desde fines de los años 30 y durante las décadas del 40 y 50 había notoria persecución antisemita y antiizquierdista por parte de la derecha peronista, muchas de cuyas víctimas consiguieron refugiarse en Brasil, en particular en São Paulo) , no existía motivo para la emigración ; el país era rico y en pleno desarrollo, había trabajo de todo tipo, el nivel cultural era el más alto de América Latina , y faltaba mano de obra ... escuelas y universidades públicas y gratuitas, una red de hospitales públicos de nivel médico envidiable, configuraban , aún en esta época, un polo de atracción para extranjeros, en especial para trabajos de poca calificación.
:: Cuando y por qué - La primera leva
El empobrecimiento gradual y permanente de la sociedad argentina en realidad comenzó con el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, pero recién fué sentido profundamente a partir de los años 60, con el resurgimiento de Europa Occidental sobre todo ; la enorme faja de clase media, característica del país hasta ese momento (y diríamos hasta la época actual, pero con un nivel de vida promedio bastante inferior al del los años 50), comenzó a sentir la disminución de su poder económico.
Sin embargo, el elevado nivel socio-cultural permanecía intacto ; la enseñanza pública gratuita presentaba todavía óptimas escuelas técnicas y profesionalizantes, y universidades con graduados de nivel competitivo con los de cualquier país desarrollado, proveían profesionales que cada vez encontraban mayores dificultades para hacer carrera.
Las crisis sucesivas, con inestabilidad económica y política, los golpes militares con sus regímenes de fuerza, iban de a poco minando el entusiasmo de los argentinos por hacer su carrera en su tierra, si bien no reducía su apego a ella.
Y en la primera mitad de la década del 70 se verificó otro fenómeno socio-económico : el desarrollismo militar brasileño , caracterizado como "el milagro" : una industrialización explosiva (al precio de una deuda interna gigantesca), que repentinamente pasó a necesitar ingentes cantidades de mano de obra, en su mayoría especializada, de la cual el país carecía por completo.
Desde el año 1973 hasta 1978, aproximadamente, había filas diarias en el Consulado Brasileño en Buenos Aires, con los solicitantes de residencia permanente en Brasil ; la exigencia era título secundario técnico o universitario (preferentemente de carrera técnica) ; después, esta demanda se tornó mucho más selectiva en materia de formación educacional.
Sin embargo, las características del inmigrante argentino son, en algunos detalles cruciales, completamente diferentes a las del inmigrante europeo o asiático :
El idioma semejante no facilitó la formación de comunidades ; los argentinos actuaban de manera casi totalmente individual ;
En su mayoría profesionales de nivel superior, estos inmigrantes ingresaban y trabajaban individualmente en diferentes empresas ; salvo excepciones (conocemos muy pocas), no había empresas que concentrasen empleados de origen argentino ;
En muchos casos, la nostalgia y el apego al país de origen pesaban más ; en estos casos, quien no podía regresar, difícilmente se adaptaba a la vida local, y no sólo no se integraba socialmente, sino que muchas veces (voluntariamente o no) citaba a la Argentina como ejemplo de lo que debería ser la vida en Brasil ; procuraba sus amigos en función del origen (podía tener relaciones locales, pero amigos sólo argentinos), y de esta manera vivía (y hay quien vive) en Brasil siempre desarraigado y nunca feliz.
Finalmente , el tiempo de viaje y el costo del retorno al país de origen, sea en definitivo, o sea para visitar familiares y amigos, son lo suficientemente reducidos como para que el inmigrante no cortase nunca sus vínculos con su origen ; en general, ya en el primer período de vacaciones, el viaje a la Argentina era (es) casi obligatorio.
Por todos estos motivos, los argentinos, en general, no constituímos raíces tan profundas como los inmigrantes europeos y asiáticos de fin del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX ; súmese a ello el tradicional orgullo y escepticismo porteño (que muchas veces esconden real timidez), la convicción (muy equivocada, por cierto) de que brasileños y argentinos somos tan semejantes que los detalles diferentes no tienen mayor importancia, muchas veces la falta de humildad para enfrentar las dificultades de adaptación (perfectamente esperables), y podremos entender por qué los argentinos residentes en Brasil difícilmente consiguen mantener actividades colectivas.
Los hijos de los inmigrantes de los años 70 que aún residen en el Brasil, en su gran mayoría, han estudiado y constituído raíces profundas en este país ; muchos de ellos, nacidos en el Brasil o en la Argentina, aún mantienen sus vinculos emocionales con nuestro país, sea por sus padres, sea por los familiares allí residentes, sea porque conservan huellas de la cultura argentina (además del idioma), así como de la brasileña. Es una pena que esta doble "nacionalidad de corazón" no sea tan aprovechada como podría serlo, para mejor comprensión mutua, para hermanar más todavía brasileños y argentinos.
:: Hasta los días de hoy
Durante la primera mitad de los años 80, hubo una serie de acontecimientos en nuestro país que redujeron la emigración en general ; la Guerra de las Malvinas, con su trágico saldo de pérdidas humanas y económicas, que pretendió ser disfraz de la pérdida total de rumbo del gobierno, y cuyo fracaso determinó el final de los gobiernos militares (esperamos que para siempre) y el regreso a los gobiernos constitucionales marcó definitivamente estos años oscuros.
Esta mudanza drástica en la política argentina creó un nuevo brote de esperanza y de confianza entre los argentinos residentes en nuestro país ; el verdadero patriotismo, nunca negado, se dedicó a luchar por un resurgimiento, por un nuevo impulso de la Argentina hacia adelante.
Sin embargo, y lamentablemente, la Argentina un poco había "perdido el tren" del progreso mundial ; en nuestra opinión, el liberalismo económico absoluto que fué implantado no era la condición cierta para retomar la senda del progreso, frente a una economía en ruinas, sin inversiones para renovar el parque industrial y la tecnología agropecuaria, sin confianza en el exterior para atraer inversiones, y sobre todo con una situación mundial de abundancia de productos manufacturados con mano de obra baratísima, contra la cual la industria argentina poco o nada podía hacer.
Como consecuencia, retornó rápidamente una crisis de empleo y de renta ; la Argentina, y sobre todo los argentinos, sufrieron precoz y severamente las consecuencias de la globalización (que hoy preocupan a muchos más países), y no solamente trabajadores sino empresarios nacionales recomenzaron a ver en la emigración la única solución.
A partir de la segunda mitad de los años 80, la Argentina se convirtió, en buena medida, en un país exportador de mano de obra bien calificada, de elevado nivel medio profesional y cultural, que continúa a ser hasta hoy.
Los países más visados , todos ellos en situación de progreso económico que permite mayor facilidad para la busca de un medio de vida, fueron España, por las facilidad del idioma y de contactos, EE.UU, por su prosperidad e importancia, aumentadas todavía durante la era Clinton, países europeos donde el emigrante pudiese invocar el "jus sanguinis" para tener derecho a la ciudadanía, y el Brasil, por su proximidad y similitud.
Como verdadera desbandada, este "sálvese quien pueda" fué y es totalmente individual ; la decisión de emigrar, y su ejecución.
Pero también emigraron hacia el Brasil, bajo el manto del Mercosur, empresas y filiales, que importaron conjuntamente mano de obra, que, vistas las condiciones imperantes en la Argentina, estaba más que dispuesta a venir.
Como consecuencia de esta última época, aliada a las explicadas durante esta serie, existe actualmente en Brasil, y en particular en São Paulo (principal motor económico del país) una colonia argentina bastante heterogénea en cuanto a motivos de llegada y condiciones de residencia, situación económica, y recursos para enfrentar la vida en el exterior.
Sin duda faltan años para que la inmigración argentina en Brasil en general, y en São Paulo, en particular, sedimente y se afiance ; por ahora, no hay cómo compararla con las centenarias colonias oriundas del Viejo Mundo.
Pero simultáneamente se vislumbran cambios mundiales, impredictibles pero ciertos, que probablemente mudarán conceptos culturales y nacionales ; esperamos que las características nacionales propias de cada país consigan sobrevivir a cualquier "pasteurización" que el mercadeo y las comunicaciones pretendan imponer "globalizadamente", y que el patriotismo y versatilidad argentinos, y que la cordialidad y empuje brasileños, continúen a primar en nuestras relaciones como seres humanos.
:: NOTA
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